Llego el fin de semana, el grupo de amigos decide por reunirse en la casa de la pareja más grande y alquilan un par de películas en el videoclub, todas con relación al bingo.
Parecería extraño pero no en este grupo de amigos, es que las parejas están dedicadas a jugar bingo profesionalmente y quieren estudiar más sobre el juego.
Ellos participan en grupo, como si fusen una manada o una colonia de lobos hambrientos de bingo, claro su truco es pasar desapercibido para que el resto del público no sepa que juegan en equipo y luego se dividen las ganancias.
Es una buena estrategia que da resultados, los cuatros van a la sala de bingo, luego se reparten lo ganado, lo dividen entre cuatro como corresponde sea el premio que sean que hayan ganado.
Cuando llega el fin de semana, casi como si fuese un ritual se juntan en una de las casas y piden cuatro o cinco pizzas al restaurante italiano más cercano.
Cuando el chico del delivery llega con las cajas de pizza y estas se abren el aroma a masa caliente junto con salsa de tomate y mozzarella invade el ambiente, todos saben que es el mejor momento de la semana y comienzan a debatir sobre cuál será el próximo torneo de bingo al que irán, cuáles serán las expectativas a lograr y cuanto tienen pensando gastar en cartones, mientras tanto cambian de película y siguen charlando de bingo entre pizza, cervezas y hot dog, es que el bingo siempre es mejor entre amigos.
Hay épocas donde los amantes a los casinos y apuestas se reúnen y disfrutan los juegos al máximo. Por ejemplo en los propios hogares se reúnen los vecinos a emocionarse con los distintos juegos de mesa, cartas o de barajas, y buscan emociones distintas para lograr relacionarse de otras maneras. De ahí surgen otros juegos como el bingo, que hasta los niños conocen y les resulta muy entretenido jugar.
Siempre es necesario realizar reuniones para conversar, para conocerse y también como excusa para organizar una gran velada de bingo. Es importante el juego en todas las edades y a la vez nos permite dejar un poco de lado el mundo complicado y difícil que en ocasiones nos toca vivir. El juego de bingo nos hace olvidar problemas cotidianos y nos obliga a reír haciendo muchos comentarios sobre números y cartones seleccionados. Nos permite seguir reunidos buscando emociones y más aventuras.
Es bueno mantener la tradición del juego, para que nuestros hijos copien y adquieran hábitos buenos aprendiendo a reunirse con sus propios amigos para jugar muchos entretenimientos. Juegos como el bingo, que vale la pena como acercamiento a los números además de servir para otras muchas cosas como el compartir momentos gratos y con muchos suspensos. Esperar con ansias esos números elegidos que a veces demoran en salir pero que siempre nos ayudan a conquistar alguno de los premios en juego. Todo esto es el juego de bingo, siempre resulta entretenido seguir con las apuestas, agrupando participantes, vecinos y amigos en torno a una sala de juego.
Mucho tiempo ha pasado desde la primera vez que visité un Bingo. El recuerdo que tengo de ello es el haberme asomado por una puerta y ver un pequeño salón lleno de ancianos, algunos de ellos fumando o bebiendo, mientras dialogaban.
Esa vez mi abuela me dio las gracias por acompañarla a la entrada y yo regresé a casa, pensando que se trataba de un juego para viejos.
Tuvieron que pasar muchos años antes que pisara un Bingo de nuevo, y una vez que lo hice, tuve que declararme adicto a él.
Esto fue porque comprendí que el Bingo tiene esa gracia que muy pocos juegos de apuestas tienen, que es la sociabilización. Y claro, si compartes una mesa con tanta gente, a menos que seas un sociópata, debes hacer amigos con los jugadores que te rodean.
Probablemente por eso el Bingo sea tan concurrido por los ancianos, ya que son ellos los que aún poseen el don de la palabra. Son ellos, quienes a la vieja usanza, continúan con la tradición de los buenos modales, de la ayuda al prójimo, valores que las nuevas generaciones mudaron hacia otros sitios.
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