El azar puede ser comprendido desde diferentes perspectivas: como indeterminación, como relación entre causas, y como cálculo estadístico. Cada una de estas tres opciones de pensamiento, nos abren caminos hacia el triunfo en el Bingo. Todo depende del conocimiento que tengamos de ellas para acercarnos a la posibilidad de salir afortunados en los cartones.
La indeterminación del bingo
A continuación, analicemos la primera perspectiva del azar, con referencia al juego del Bingo.
El filósofo Aristóteles consideraba que la fortuna era una causa superior y divina, que permanecía escondida al entendimiento humano. Posteriormente, los estoicos equiparaban el azar al error o a la fantasía, ya que sostenían que había un orden omnipresente en el universo, mecánico e infalible. De tal modo que, en un aparente acontecimiento fortuito, los estoicos interpretaban la acción necesaria de una causa reconocida como acto en la realidad.
Esto es capital para nuestra primera aproximación al bingo: existe un orden subyacente a las secuencias de resultados de las bolas al ser nombradas, y solo es cuestión de saber captarlo, o jugar en relación a ello. Una mala partida para un jugador experimentado, puede ser contemplada como un efecto no percibido a tiempo, pero ahora se constituirá en la causa de una partida triunfadora.
Pensando en términos del escritor español Ortega y Gasset, se puede afirmar que dentro del ámbito del Bingo, yo, soy un jugador y su circunstancia. Pero entonces, ¿qué define la circunstancia de un jugador de Bingo? Podemos proponer al azar como clave que, indirectamente, da cuenta de la realidad existencial de un jugador (y por lo tanto sus posibilidades de triunfo).
El azar, razón y realidad
Así entonces, el considerar al azar como parte integral y fundamentadora de la existencia de un jugador de Bingo, nos abre una vía para manejar de mejor manera sus posibilidades de salir triunfador. No por determinar, por este mero conocimiento, las tendencias fluctuantes del azar, sino porque él mismo si puede manejar el sentido que, para su propia persona, tengan todas esas diversas opciones de realidad, cada una de ellas definida como la suerte específica que tenga el jugador. Así pues, vale la pena considerar las diferentes maneras de acercarse al fenómeno del azar, porque de esta misma forma, podemos aspirar a comprender las posibilidades de salir beneficiados en las secuencias de bolas van saliendo nombradas. Sigue leyendo…
El Bingo, hoy mundialmente conocido (en algunos países como “lotería de cartones”), es un juego realmente muy antiguo.
Es opinión unánime de los conocedores del juego, que éste se practica desde hace al menos varios siglos, pero algunos estudiosos de la historia de los juegos de azar remontan el origen del bingo, por supuesto con las variantes que marcan las distintas épocas, a tiempos de las grandes civilizaciones antiguas, Roma y Grecia.
Las andanzas del Bingo a lo largo de la historia
Sin embargo, como esto no es fácilmente comprobable, se ha situado el origen de este juego en la Italia medieval del siglo XVI. Allí se practicaba un juego que los lugareños llamaban “lotto” (lotería en idioma italiano) y que reunía a las familias y conocidos los fines de semana. Las reglas de ese juego medieval no son muy conocidas en la actualidad, pero hay documentos que nos muestran como fue extendiéndose su uso por tierras Galas, la actual Francia. Es en esta región en donde podemos encontrar las primeras pruebas textuales sobre cómo se jugaba, y coinciden básicamente con las reglas que en la actualidad rigen el Bingo.
Como esas eran épocas de grandes migraciones, por alimentos, epidemias o guerras, el juego comenzó a extenderse por toda Europa. Una vez que se comenzó a colonizar el nuevo mundo, el Bingo también se embarcó junto a aquellos viajeros intrépidos, ya que era un modo muy práctico de hacer más llevaderas sus largas travesías.
Como los números que iban saliendo se marcaban con judías (“Bean” y con pronunciación “bin”), se puede interpretar que este sea el origen del actual nombre de este juego que hoy está haciendo furor en muchos países, entre ellos España.
