La noche de bingo está completa, ni el calor la opaca de toda su dimensión. Y los jugadores de la sala de juego permanecen atentos a las bolillas que canta el señor, personaje pintoresco de las partidas de bingo, que va anunciando los números que van saliendo.
El juego de bingo es a beneficio del club del barrio y todos los vecinos concurrieron a probar suerte y colaborar con dicha misión.
El hombre es quien le da color al juego de bingo y muchas veces pone su cuota de humor mientras los participantes sufren con cada número que se canta y que no pertenecen a alguno de sus cartones. El juego va tomando voltaje y los jugadores atienden a rabiar sus cartones.
A ver si haciendo fuerza atraen a los números y de a poco los van llevando al cartón, un lugar seguro para ganar algunos de los premios de bingo.
Todos en busca del triunfo y de apoderarse del pozo acumulado que ya lleva varias partidas sin tener dueño. De esta forma se sentiría realizado y podría gritar bien fuerte lo que siempre deseo: Bingo.
Mientras la mayoría de los jugadores transpiran por el calor reinante en la sala de juego, el hombre de saco y corbata anuncia los últimos números para poder conquistar el pozo mayor.
Muchos de los cartones están por completarse y quien anote algunos números tendrá muchas chances de estar definiendo. De lo contrario se seguirá jugando por el resto de los premios, hasta que algún afortunado consiga llenar el cartón, y grite bien fuerte bingo.
