Es común que en las zonas desérticas de naciones con un fuerte arraigo por la cultura anglosajona se den torneos de bingo durante las temporadas de ventisca, sobre todo en grandes aéreas pobladas de Australia, Sudáfrica y en particular en el estado de Texas en los Estados Unidos.
¿A qué se debe esto?
Cuenta la leyenda que un grupo de misioneros se encontraba en Australia antes de comienzo de la segunda guerra mundial. Durante uno de sus campamentos, habían concentrado a toda la gente de un pequeño pueblo en su campanario cuando se desato una feroz tormenta de arena que no permitía la visión por más de dos metros.
Muchos de los viajeros estaban asustados debido a que nunca habían presenciado una tormenta de arena tan grande. los habitantes del lugar le dijeron a los misioneros que no se preocuparán que estarían allí por solo un par de días y que los víveres que había en el monasterio alcanzarían para esos días, sin embargo el aburrimiento se tornaría algo denso.
Pero los misioneros recordaron en sus viajes a Estados Unidos un juego que podía quitar no solo el aburrimiento sino traer alegría a sus corazones, un juego que solo necesitaba de unos cartones con números, algo para anotar los números y una bolsa con los números anotados en un papel. Su nombre era el juego de bingo.
Nunca se supo si la leyenda fue verdad o no, pero bien sabido es que los días de tormenta de arena en Australia son los días donde las comunidades enteras se reúnen para sobrellevar el hecho y disfrutar de una calidad partida de bingo. La tradición se ha expandido a Sudáfrica y como mencionamos a Texas.
Después de la intervención de Edwin Lowe, el juego de bingo comenzó a ser perfeccionado y extendido por todo Norte América.
Las relaciones productivas provocaban que el juego se desarrollara velozmente por toda la zona incorporando exposiciones sociales y urbanas.
Desde sus inicios el temperamento social del juego se formalizó como un conocimiento social que correspondía el juego con sus exposiciones.
El costado comunitario empezó a tener gran valor y Lowe confió en acentuar su importancia.
La caridad empezó a establecerse como otro uso del juego, cimentada especialmente por el reducido precio de distribución y la sencillez del entretenimiento.
Para atizar y constituir un encuentro de bingo únicamente hacían falta algunos elementos de escaso valor en el mercado, conjuntamente con contar con una sala apropiada, mesas y también las sillas.
Frente a la situación y visión social del bingo, un sacerdote católico de Pensilvania contactó a Edwin para sugerirle presentarlo en las iglesias.
El sacerdote argüía que el juego brindaba una importante probabilidad para recolectar montos con fines comunitarios.
Una vez que empezó a ser jugado en de las iglesias, se volvió popular por toda la zona.
El bingo en los templos comienzo a ser jugado y practicado por cientos personas hasta llegar a recaudar importantes sumas de dinero.
Actualmente, en Norteamérica, congrega sumas mayores a los noventa millones de dólares, su ensanchamiento y anunciación popular fue efectuada gracias a la interposición de la iglesia en primera demanda.
