El aficionado al bingo caminaba por la calle y de pronto observa en una vidriera unas hermosas magdalenas, los típicos bizcochos o facturas.
Entonces recuerda cuando era niño y su madre los cocinaba especialmente para él.
El jugador de bingo siempre la ayudaba porque seguro había visitas en el hogar, habitualmente las amigas de su madre vienen a jugar algunas partidas de bingo.
Él las miraba y recorría todos los números de los cartones. Las escuchaba atentamente en sus comentarios sobre el juego y comprendía fácilmente el desarrollo del juego. Podía ver sin inconvenientes de que se trataba y cada tanto se ingería algunas magdalenas.
Las señoras participantes de la partida tomaban té y jugaban al bingo reunidas alrededor de la mesa. No paraban de conversar y relatar la aparición de los números ganadores.
No eran tantas las participantes, de esta forma se tiene mayores posibilidades de ganar el pozo acumulado. Él las observaba y no se le escapaba ningún detalle de las partidas. Pensaba en las mejores tácticas al momento de la elección de los números para ganar bingo, se inclinaba por los números más altos.
La tarde transcurría y ellas se mantenían en la mesa conversando y esperando números para lograr algún premio económico.
Y más comentarios sobre el bingo, él cuando se aburría se comía otra magdalena y pensaba en cuando seria grande, tal vez jugaría y ganara bingo.
El recuerdo le vino y lo penetró, ahora entra a la confitería a comprar magdalenas en recuerdo a su madre.
El jugador luego del trabajo diario y de vez en cuando concurre las salas de juego a saborear una gran partida de bingo.
Disfruta al máximo de correr aventuras con los números para llegar a la sala con grandes posibilidades de ganar el pozo acumulado o en su defecto los premios por línea, vértice o letra.
Tiene que elegir un buen acompañante, un cartón ganador con números especiales y que se repitan varias veces en el canto de las bolillas. Es preferible jugar bingo con números que sean cantados varias veces y no con los que no salen.
Otras veces que no tienen tiempo, se quedan en casa y luego de la cena preparan el ordenador y ahí nomás prueban suerte y disfrutan alguna partida de bingo.
Las bolillas siempre están dispuestas a salir y participar del juego de bingo con la misma alegría para no desentonar y formar parte de un juego increíble y donde se comparten momentos increíbles con las sorpresas del juego.
Estos juegos favorecen la mente de todos nosotros y nos permiten ejercitar las neuronas y tenerlas listas para nuestras vivencias. El bingo requiere de jugadores atentos y bien vivos que lleven el juego correctamente y sin fisuras a efectos de no dejar escapar ningún número y que todos marchen para el cartón.
Se trata de eliminarlos todos y bien tachados, un cartón así goza de muchos pretendientes en la sala de juego. Todo jugador lo necesita y añora para así después poder gritar bien fuerte bingo, y que todos los demás participantes se enteren.
