El otro día revolvíamos cosas viejas con mi hijo. Le mostraba como era nuestra vida de jóvenes y que ropas usábamos en tiempos anteriores cuando éramos niños. También le comentaba a que jugábamos y que hacíamos para entretenernos en los ratos libres.
Y de pronto me encuentro con unos cartones de nuestro gran juego de bingo. Aquel que no dejábamos de jugar con los amigos y que también compartíamos en las más importantes salas de casino. Aquel bingo que siempre servía como excusa para reunirnos a compartir momentos lindos, a jugar y disfrutar partidas muy emocionantes.
Las noches que pasamos sin dormir y envidiando muchas veces al afortunado de esa sala de juego que se llevaba el pozo acumulado del bingo. Cuántas risas y comentarios generaban cada bolilla cantada, cuántas historias y películas en torno a este gran juego.
El bingo es un juego de varios recuerdos y anécdotas para contar. De a poco le comenté a mi hijo de que iba a las salas de casino a disfrutar y ganar bingo y también como funcionaba y cuáles eran las reglas más importantes a cumplir. La cantidad de apostadores que había en cada sala de juego y de que forma fui de a poco contando historias de bingo y amistades.
Muchos amigos pasaron por el juego de bingo. Muchos relatos quedan en nuestras cabezas, recuerdos que guardamos en la memoria como historias para contar. Para no dejar de ser rebeldes y de mantener el juego bien alto con la finalidad de pasarla de mejor manera, sonriendo y apreciando la vida junto al bingo.
La jugadora empieza a sudar, primero por el calor y luego por los nervios de la partida de bingo. Aunque los ventiladores giren al máximo, el juego se está poniendo muy agradable y saca muchas emociones de los jugadores.
Ellos se mantienen atentos y no sienten nada, solo las bolillas ganadoras y su canto.
El juego de bingo los mantiene expectantes y todos esperan sus números elegidos. La señora está cerca y pocos números le faltan para completar uno de sus cartones dentro de los números para conquistar el pozo acumulado y ella no piensa en nada más.
Y se concentra en los números que faltan para hacer fuerza y que salgan pronto para ser una ganadora. La señora no mira para ningún lado y sigue su cartón firme y seguro que esa noche puede ser su gran noche. Pero tampoco saca la cabeza de ahí y sigue esperando sus números.
Muchas historias de bingo, como estas no terminan bien y la señora solo piensa en la próxima bolilla y espera ansiosa que le sirva. Sale una bolilla que no le sirve y suspira.
Trata de seguir concentrada en el juego, mientras espera la otra, que por suerte sirve y ya elimina otra cifra de su cartón. La señora no logró alcanzar el pozo mayor del bingo, este quedó vacante.
El bingo es emocionante y es importante sacar ventaja, también se puede esfumar. Así que siempre hay que estar atentos a esos números, que nos enloquecen Y ella sigue jugando bingo, porque le gusta y lo disfruta como nunca.
La mujer, aficionada al juego de bingo lo había invitado a su hogar. Cuando llega él, se encuentra con el gracioso animal que no para de cantar. Ese animal es un loro.
El loro lo recibe junto con ella de la mejor forma, después se aprontan para salir a cenar juntos a un restaurante famoso. La mujer ya está acostumbrada a su mascota. A la vuelta él conoce un poco mejor al ave y se empiezan a llevar de mejor manera.
El hombre la visita muchas veces en la semana y la relación va convirtiéndose en muy buena. Él atiende mucho y juega con el loro y lo hace conversar, le enseña sus números favoritos para el bingo y lo hace repetir.
Una tarde la mujer vuelve a su hogar y se encuentra que el loro no está en su lugar habitual. Se pone triste y llama a su novio, él no le contesta el teléfono.
En el apartamento del hombre, éste se encuentra frente al loro y le hace repetir continuamente los números. Así luego elegirá los cartones del bingo según los números que se le ocurran al loro.
El animal no quiere decir nada, no repite ninguna cifra dado que no se encuentra en su casa y en buena compañía.
Le gana el silencio y el jugador de bingo termina por rendirse. Después se marcha para el casino a jugar unas buenas partidas de bingo. Con poca suerte para él y a medida que transcurren las partidas va notando que no es su mejor día para ganar bingo.
Al pretender ser quien crees que eres, a menudo te das cuenta de que realmente no te conoces bien en absoluto, y que cuando las cosas tienden a ponerse difíciles, entonces puede ser que nos convirtamos en una mala imitación de nosotros mismos, que no sabe cómo desplazarse o moverse de acuerdo a lo que se quiere o se espera. Fue cuando él gritó, “¡Bingo!” al estudiar y analizar sus gritos, se dio cuenta de que la Sra.Bingo tenía acceso a sus contraseñas de bingo.
Tal vez había sido la falla en el equipo fingiendo ser su marido mientras se implicaba él al mismo tiempo. ¿Iba ser tan tonto? El dudaba, pero no podía desestimar esa posibilidad. La posibilidad de que se había saboteado a sí mismo – que él era el culpable y que se había traicionado a sí mismo en el mundo de bingo.
Cuando salió de su ensoñación, el bote de bingo había sido ganado – por otra persona y él estaba solo en su mesa de bingo. Fue entonces cuando miró en su burbuja de chat y por primera vez vio lo que había escrito con su propia mano. “WTG. El detective Bingo no es quien él mismo piensa que es. “Fue como temía. El único caso que no pudo resolver fue aquel en el cual el mismo era el criminal.

Aquí les paso una noticia que encontré en la red sobre un tipo que golpeo a una persona dentro de una sala de bingo porque cuando este gano un premio grande, no quiso usar sus ganancias para comprarle droga. Lo que hay que ver en este mundo.
“En Galicia, la policía detuvo a un joven de 21 años por agredir a un hombre en un bingo. Según fuentes de la investigación, el arrestado golpeó a la persona que minutos antes había obtenido un premio y no le quiso comprar cocaína con el dinero obtenido.
Sucedió la semana pasada. El detenido se presentó en un bingo de la ciudad y se dirigió a un hombre al que le habían tocado 220 euros. Le dijo que le comprara cocaína, a lo que el premiado se negó. Inmediatamente, los responsables de la sala invitaron al arrestado a que abandonase el establecimiento. Y cumplió la orden. Pero por poco tiempo.
Sostienen los agentes que llevaron la investigación que el arrestado se dirigió a su casa y regresó a los 15 minutos. Volvió a dirigirse al hombre que había cantado el bingo y, de nuevo, le pidió que le comprase droga. Como la persona se negó, el detenido comenzó a pedirle que le invitase a una copa. Luego, sacó una bolsa «que parecía de cocaína», según el denunciante, poniéndola sobre la mesa.
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