Luego de una verdadera explosión de los juegos de azar en los 90’s, los bingos, casinos y máquinas tragamonedas continúan su imparable crecimiento, apareciendo por todos lados.
Juegos relativamente nuevos en Argentina (con una presencia menor a los 10 años en el mercado) tales como Super 8, Buena Fortuna, Telekino, Mono Bingo, Mi Bingo, Bingo de la Esperanza y Súbito Bingo, se han sumado a los más tradicionales como el prode, el hipódromo y la quiniela.
Solamente en la Provincia de Buenos Aires hoy pueden encontrarse 11 casinos, 46 salas de bingo, 3.070 agencias oficiales de lotería y cinco hipódromos.
Las mujeres y los jóvenes son ahora los jugadores quienes más estimulan este desarrollo actual de los juegos de azar en el que todos los días hay sorteos.
Hace 25 años eran sólo los hombres los que iban al casino y al hipódromo, pero actualmente el 30% son mujeres. La razón por la que las mujeres y los jóvenes juegan más al bingo y a las maquinas tragamonedas puede tener que ver con que la apuesta es baja y por lo tanto es posible apostar muchas horas con relativamente poco dinero.
Además se ha dado una auténtica proliferación de estos lugares de juego, ya que en donde antes había cines y teatros hay ahora iglesias evangelistas y bingos, y en muchos pueblos es el único entretenimiento de la gente.
Si bien en muchos casos el juego es una actividad positiva y normal en cualquier ser humano, algunos corren el riesgo de exagerar que puede eventualmente llevar a la ludopatía (adicción al juego).
Para la psiquiatra Susana Calero -quien dirige desde hace 16 años el programa de ludopatía del hospital Alvarez, y desde hace 8 el Centro de Asistencia, Capacitación e Investigación de las Socioadicciones- “El juego empieza como algo divertido y social, pero para algunos termina mal. Sigue leyendo…
Desde el continente europeo, el juego del bingo llegó a América de la mano de inmigrantes y desde los tiempos de la colonia. En el año 1929 se conoce por primera vez el registro de un juego de bingo en Norteamérica. En ese momento, durante el carnaval cercano a la ciudad de Atlanta, en Georgia, se presentó un juego de características similares denominado “Beano”.
El Beano se jugaba extrayendo discos numerados de cajas de cigarrillos para que los asistentes marcaran cartones y se hicieran acreedores a un premio. Los carnavales y ferias comenzaron a extender el juego por distintas regiones del país. La aceptación del entretenimiento en la sociedad motivó una rápida expansión por distintas regiones aportando nuevas características al juego de azar.
Bingo
El nombre del juego cambió por un aporte regional. En un desarrollo del juego un juguetero llamado Edwin S. Lowe escuchó a un jugador gritar Bingo en vez de Beano. Lowe, quedó maravillado por el juego y el nuevo nombre, se propuso extenderlo y mejorarlo. Pidió ayuda a un matemático de la universidad de Columbia, Carl Leffler, quien se encargo de aumentar las combinaciones de números en los cartones. Sigue leyendo…
