La mujer aficionada al juego de bingo se encuentra inclinada. Está atenta y sobre su cartón ganador. Y de a poco va llevando su mano con lapicera al cartón. Va tachando sus números que son cantados en la sala de juego y se siente bien, con esperanzas de lograr algunos de los premios del bingo.
Sólo le queda un número para terminar la línea y conseguir su primer premio en el juego de bingo. Representa para ella una forma de estímulo, para seguir con ganas seleccionando cartones. Siempre tranquila y serena, enfrentando su destino en el bingo.
Han cantado otra bolilla correspondiente a numeración par y ella no la tiene. Elige los números preferentemente impares, son de acuerdo a los entendidos los que más se repiten en las partidas de bingo. Pero sigue esperando sus números y de pronto la bolilla que faltaba.
Su bolilla ha salido y se apresta a eliminar el número y a reclamar su premio por línea. Una gran alegría, pero su juego de bingo todavía no ha terminado y hay que seguir bien concentrado en las bolillas cantadas.
El juego de bingo continúa y es duro. Los números siempre andan dando vueltas y no tienen consideración con ninguno de los apostadores.
Ellos hacen lo que quieren y el juego depende de sus caprichos y antojos. Cada tanto dan alguna sorpresa y hacen que algún jugador festeje, dado que pudo completar el cartón. Son ellos quienes deciden el juego de bingo, por eso hay que tratarlos bien y esperarlos con los brazos abiertos.
