El jugador de bingo está sobre la baranda de un hotel mirando el horizonte lejano del mar, cuando en pocos instantes observa a lo lejos y logra distinguir un crucero y al fondo el sol,que se está poniendo.
Continúa observando y de pronto se ve dentro de él ,con su atuendo de turista internacional, caminando por la borda y transitando a ver gente en los distintos salones de la embarcación donde todas las personas se agrupan a divertirse.
El hombre pone las manos en los bolsillos y tantea a ver si tiene efectivo o algunos euros como para encarar alguna aventura que valga la pena y lo haga sentir vivo de verdad. Muchos juegos y bingos suculentos, mucha gente y apostadores.
Recorre todo lo que puede y mira con discreción. Y observa cual de todos los juegos ofrecidos allí vale la pena y será más sencillo de ganar. De pronto se enfrenta contra un gran cartel de bingo y no lo piensa más, entra a disfrutar y ganar bingo.
La sala está llena y todos los jugadores hacen cola para entra y elegir su mejor cartón. Muchas caras bonitas y muchos perfumes de primer nivel se aprontan para ubicarse en sus lugares establecidos y ponerse a atender a los números y cartones ganadores.
Muchos apostadores conversan y sueñan con ganar y viajar gratis. Sueñan con muchos lujos y de pronto el sol se pone y el hombre se ve en su hotel. Su mujer lo observa y no entiende nada lo que sucede, mientras los cartones vuelan y los sueños van y vienen.
